
Humanización del proceso de evaluación
Medir, calificar, evaluar, valorar ¿Es lo mismo?
Constantemente los profesores se desconciertan ante la práctica del proceso de evaluación en sus estudiante y se hacen preguntas diversas ¿Evaluar será igual que medir ?, ¿Calificar forma parte más de la evaluación o sólo es la medición ? ¿Al evaluar estoy estaré valorando los procesos del estudiante?
Para dar respuestas a estas inquietudes es necesario definir los términos: evaluación, calificación, medición y valoración.
La evaluación es el proceso que permite determinar en que grado han sido alcanzados los objetivos educativos propuestos. por su parte la medición se entiende como el proceso que permite asignar números a sujetos que respeten y representen algunas de sus propiedades, la calificación se basa en la constatación cuantificable de los resultados de los alumnos; la valoración se refiere a la constante revisión del proceso educativo que atraviesa el estudiante con la finalidad de resaltar las fortalezas que va demostrando durante dicho proceso.
A partir de estas definiciones se hace necesario establecer unas línea clara de lo que se pretende evaluar en el estudiante para que se integren estos conceptos en un todo que haga posible el desarrollo de un ser humano pleno con capacidades y potencialidades exploradas al máximo, capaz de transformar su propia existencia, el medio en el que vive y la sociedad que conforma.
La propuesta curricular plantea la evaluación como un proceso contínuo, democrático, constante, valorativo, sin embargo lo que parece importar son los resultados y la cuantificación de esto, ¿por qué exigir al estudiante tal o cual calificación si lo que deberíamos pretender es que llegue a mejorar sus propias experiencias a través de los conocimientos y aprendizajes significativos que quedan en el acto educativo?
El docente en su rol de mediador del aprendizaje está en la necesidad de plantearse un método de evaluación que contribuya con el pleno desarrollo de sus estudiantes, por supuesto situado en el marco del actual proceso de reforma educativa para que pueda revisar las prácticas de evaluación. Se requiere entonces dar significatividad a los aprendizajes escolares y a las actividades de evaluación porque rara vez se encuentran en la práctica educativa aprendizajes puramente mecánicos y repetitivos carentes de sentido. En cuanto al grado máximo de significatividad posible de un aprendizaje no existen límites, siempre es posible añadir nuevos significados a los ya construidos o establecer nuevas y más complejas relaciones entre ellos.
El aprendizaje significativo no es una cuestión de todo o nada sino de progresividad, en consecuencia no cabe diseñar una actividad de evaluación con el propósito de discernir si el aprendizaje que han realizado los alumnos es o no determinante, lo que se requiere es detectar el grado de significatividad del aprendizaje obtenido utilizando para ello actividades y tareas suceptibles de ser abordadas o resueltas a partir de diferentes grados de importancia de los contenidos implicados en su desarrollo o resolución.
Es por esto planteado anteriormente que se requiere de un proceso de evaluación humanizador, donde se ponga énfasis en el aspecto personal y social con contenidos de aprendizajes cónsonos, así como también exista la constante retroalimentación del alumno, docente ambiente y de todos los involucrados en el acto educativo; no sólo es el rendimiento de los alumnos lo que resulta necesario evaluar, también hay que valorar el conjunto de componentes de todo lo que integra el sistema educativo, resulta evidente que un buen o mal rendimiento no procede exclusivamente del trabajo mejor o peor realizado sino que es consecuencia del planteamiento organizativo y pedagógico del sistema.
Para concluir se puede decir que al transformar el proceso evaluativo con metodología y recursos educativos que inclinen hacia la humanización del acto educativo se recogeran los frutos precisos para modificar al ser desde su propia esencia para fortalecer al hombre desde aspectos como: valores, hábitos, desenvolvimiento social, estabilidad familiar, incorporación social, personal y laboral; por eso los docentes debemos promover espacios y proveer experiencias para que los estudiantes reflexionen sobre las acciones, situaciones o realidades en las cuales interactúan, deben considerar desde diferentes puntos de vista sus significados y reconstruir los conocimientos desde una óptica ajustada al contexto donde se dan las acciones, de allí que la valoración trasciende el aprendizaje de informaciones, en tanto se concibe como la generación de nuevos escenarios y la producción de alternativas de acción y el desarrollo de un pensamiento libre, crítico y creativo.